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25 feb 2026

2- La historia de Carlos Trupp Wanner – Relato por su hijo Juan Carlos Trupp

La historia de Carlos Trupp Wanner

Carlos Trupp Wanner: arquitecto, deportista y pionero en animación chilena

– Relato por su hijo Juan Carlos Trupp

Quiero compartir ahora la historia de mi abuelo, relatada por mi tío Juan Carlos. El siguiente relato está extraído de una grabación que realicé aquel día mientras tomábamos once junto a El y mi prima Pao en un Tavelli en Las Condes, cuando yo vivía en Chile, el 19 de abril de 2024.



Mi tío Juan Carlos relata:

Sus historias eran, mayormente, sobre lo que a mí me tocó compartir con él cuando viajamos a Europa. Yo tenía como nueve o diez años, así que los viajes eran largos: él manejaba, los demás dormían y nosotros conversábamos. Tengo muchos recuerdos de él.

Para mí, él es un ejemplo de superación en la vida. Nosotros, como personas, al llegar al mundo, el destino nos asigna un lugar, una familia, y desde entonces experimentamos lo que ese entorno puede generar en nosotros: puede apoyarnos o dañarnos. Pero hay veces en que el entorno no necesariamente es de apoyo, y hay personas, como el Tata Carlos, que se iluminan por sí solas.

Su historia es triste. Carlos pasó por momentos difíciles y sufrió mucho a lo largo de su vida. Su padre, Andrés Trupp M., había nacido en Austria, llegó a Chile con 13 años y, creo, que no se adaptó del todo. Se casó con Clara Wanner F., y tuvieron dos hijos: [NOMBRE DE LA HERMANA DE CARLOS] y Carlos Trupp Wanner, quien nació el 28 de septiembre de 1918 en San Felipe, Chile.

Luego de tener a sus hijos, la pareja decidió separarse, y Clara se fue a vivir al sur de Chile, a Valdivia, con sus dos hijos. Carlos tenía apenas 2 años. Tiempo despúes, Clara le escribió una carta a su madre, abuela de carlos, Leopoldina Malushka.

Alrededor de 1899, Leopoldina llegó a Chile contratada por el gobierno para implantar el sistema de educación de jardines infantiles en el país. En aquella época se solicitaba mucho apoyo a Europa; existía una dinámica en la que se entendía que, para avanzar como sociedad, se necesitaba aprender de países con más experiencia en educación, y el centro de Europa era una zona de gran desarrollo intelectual. Leopoldina, educadora de formación, llegó a Chile con la misión de instaurar los jardines infantiles. En ese tiempo, los niños al ingresar al colegio eran en su mayoría analfabetos, lo que retrasaba su aprendizaje en los primeros años escolares. Su trabajo ayudó a que los niños tuvieran bases más sólidas antes de comenzar la educación básica.

Tenía un carácter muy fuerte y dedicó su vida a ayudar al prójimo. Ella es la señora que aparece en la foto junto a Walt Disney y al Tata Carlos. (refiriéndose a la fotografía del documental mencionada en la primera entrada de este blog).

Entonces, en los años 20, Clara envía una carta a Leopoldina pidiéndole ayuda, mencionándole que tiene problemas de salud y no puede criar a sus dos hijos, y sugiere que podrían asistirla con su hija mayor.

Así es como Leopoldina viaja al sur de Chile a buscar a la niña, pero cuando llega ve a Carlos, de aproximadamente 4 años; está medio enfermo y se da cuenta de que necesita un médico, y la mejor opción era atenderlo en la capital. El hijo de Leopoldina también estaba viviendo en Valdivia y también estaba enfermo, por lo que decide traerse a ambos muchachos con ella.

Llega a vivir a Santiago, en San Bernardo, y conoce a los hijos de Leopoldina: Rodolfo Trupp, inventor y profesor, y la hija menor, Tante Luisa Trupp, quien también era profesora normalista y fue un gran apoyo para Carlos ante este nuevo mundo tan drástico y estricto.

Leopoldina era muy estricta y, en ocasiones, si no alcanzaba a hacer sus deberes, no tenía permitido salir a la matiné de los domingos.

Ahora Carlos se enfrentaba a un ambiente muy adulto y duro, y su primer idioma pasaba a ser el alemán.

Él comienza a ir al colegio y era un niño un tanto hiperquinético; comenzó a practicar deporte, lo que ayudaba a bajar sus niveles de ansiedad.


No sabía nadar, pero quería aprender, y ya comenzando su adolescencia escapaba junto a algunos amigos al cerro Chena en San Bernardo para practicar en los tranques de regadío, que eran muy peligrosos. Se compró un libro de Johnny Weissmüller, quien interpretó al primer Tarzán: “Swimming the American Crawl” , que podría traducirse como “Nadando al estilo libre americano”, pero a la abuela Leopoldina esto no le gustó; ella decía que una persona que pierde el tiempo en la piscina no le va bien en la vida, y ahí es donde Carlos decide irse.

Una mujer francesa, dirigente del equipo de natación, lo quería mucho y tenía un hijo que también nadaba. Ella sentía que Carlos era una inspiración para los niños que comenzaban en el nado y le brindó su apoyo. Fue así como él tuvo la oportunidad de irse a vivir con ellos por dos años.

La abuela no quería firmar los papeles para dejarlo ir a campeonatos fuera del país, pero esta familia lo ayudó, brindándole así la oportunidad de representar a Chile fuera de nuestras fronteras.

Él no tenía los medios para financiar una carrera universitaria de arquitectura, por lo que inició los estudios de leyes como alumno libre. Pasados dos años, decidió que su verdadera vocación era la arquitectura y fue a pedirle apoyo económico a su padre, quien le dijo que no podía ayudarlo.

Sin embargo, Carlos Trupp Wanner ya era uno de los mejores nadadores chilenos cuando fue convocado a la selección nacional para competir en el Sudamericano de Uruguay. Chile viajó con un equipo diminuto: solo seis nadadores  - Armando Briceño, Washington Guzmán, Eduardo Pantoja, Carlos Reed, Jorge Berrotea y Trupp  -  frente a delegaciones como Argentina, Brasil y Uruguay, que contaban con cerca de cuarenta deportistas cada una.

Contra todo pronóstico, Chile obtuvo el vicecampeonato sudamericano, la única vez en la historia que el país ha alcanzado ese lugar en la competencia. El título estuvo al alcance: en la posta de 4x100 metros libres necesitaban terminar segundos para sumar los puntos que les darían el campeonato. Sin embargo, fueron descalificados en una decisión que muchos consideraron dudosa.

Fue en ese contexto cuando el “curita” Carlos Casanueva, rector de la Universidad Católica y gran impulsor del deporte, vio en Carlos no solo talento, sino disciplina y carácter. Le ofreció apoyarlo económicamente con sus estudios a cambio de representar a la universidad en natación. Así comenzó una nueva etapa en su vida, combinando alto rendimiento deportivo con formación académica.

Años más tarde, ya titulado como arquitecto, se integró al equipo de waterpolo de la Unión Española, campeón de Chile en 1946 y 1947. En 1948 formó parte de la selección chilena que participó en los Juegos Olímpicos de Londres, los primeros celebrados después de la Segunda Guerra Mundial. Fiel a su espíritu inquieto, tras los Juegos convenció a sus compañeros de recorrer Europa en una van, viajando por distintos países y sorprendiendo a todos a su paso.

Una vez en la facultad de arquitectura, Tante Luisa, la hija menor de mi abuela Leopoldina, le consiguió a Carlos una reunión con Luis Muñoz Maluschka (nacido en 1896), un arquitecto de renombre que trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas (MOP), para que le prestara ayuda con los instrumentos y materiales que necesitaba.

Luis era hijo de la hermana de Leopoldina, quien ya había venido a Chile antes, también dedicada a la enseñanza, y se había casado aquí con un español de apellido Muñoz. Gracias a su familia, Luis se convirtió en arquitecto y fue él quien pudo apoyar a Carlos en sus estudios, facilitándole recursos y contactos para avanzar en su carrera.

En aquella época, todos hablaban alemán en Valdivia; incluso pronunciaban “Faldifia” siguiendo la fonética alemana que acostumbraban.

Carlos comenzó a relacionarse más con el primo de su padre, Luis Muñoz Maluschka, quien ya era arquitecto titulado en la Universidad de Chile. Luis, con buenos recursos, también estudió en la Universidad de Chile a inicios de los años 20 y se convertiría en uno de los pioneros de la planificación urbana en Chile.

Luis ocupó un puesto muy importante en el Ministerio de Obras Públicas y contactó a numerosos urbanistas europeos y austriacos, entre ellos Karl Brunner, un urbanista muy reconocido que trabajó en Sudamérica, en países como Colombia, Argentina y Chile. En Chile, Brunner participó en proyectos emblemáticos como el Estadio Nacional, la Avenida Américo Vespucio y el diseño del Barrio Cívico de Santiago.

Luis también logró crear el Ministerio de la Vivienda antes de retirarse.

El potencial económico y los buenos momentos para Carlos llegaron con el desarrollo urbano. Trabajando junto a Luis y su equipo, participaron en grandes proyectos como la ciudad de Santo Domingo.

Como buen arquitecto, Carlos Trupp era un excelente dibujante y mantenía un gran apego y pasión por las artes. Era un gran admirador de destacados pintores chilenos como Juan Francisco González, Pacheco Altamirano y Pablo Burchard, y conservaba cuadros de ellos en su colección personal.

En 1941, cuando cursaba su cuarto año universitario, le empezaron a llamar la atención los dibujos animados. Convenció a uno de sus compañeros de facultad, Jaime Escudero (quien estaba en quinto año), para realizar un cortometraje de animación. Diseñaron y crearon a Copuchita, un cóndor vestido de huaso y con ojotas.

compilación de imagenes: afiche promocional - concept origonal de Copuchita - revista Ecran n562 de el 28 oct 1941

Escudero decía que Carlos era muy hiperquinético, sociable y aficionado al cine, mientras que él era todo lo contrario, pero aun así decidieron lanzarse a trabajar en la idea. El filme se tituló “15 Mil Dibujos”, y los personajes eran: Copuchita, el cóndor que representaba al obrero chileno; el puma Manihuel, mapuche y basado en un tío; el gallo Ño Benaiga; y una joven humana muy hermosa llamada Clarita, todos acompañados de una comparsa de plantas, porotos y diversos bichitos.

Todo se realizó con un gran esfuerzo y sacrificio, pasando largas horas dibujando y reproduciendo imágenes. El financiamiento provino de la familia Trupp, sumado a un credito adicional obtenido por CORFO por 5000 pesos de la época ( entre 5 a 10 millones de la actualidad ) y la ayuda de muchos compañeros de universidad y amigos que trabajaron gratuitamente para apoyar el proyecto.

Rodolfo Trupp diseñó una especie de máquina que sirvió para filmar los cuadros de animación, una máquina que el mismísimo Walt Disney describió como impresionante, a pesar de lo rústica que era. La música fue compuesta por la abuela Leopoldina Malushka y ejecutada por los primitivos Huasos Quincheros.

Al final, se agregó metraje incluyendo actores reales en los estudios de Chilefilms, quienes tampoco quisieron cobrar.  Nota: Escudero relata en una entrevista que no cobraban pero que si  debían pagarles los almuerzos en el casino de Chilefilms, lo que casi los deja en la quebra)

La película fue exhibida en 1942, luego de la visita de Walt Disney a Chile, quien felicitó a Carlos Trupp y a Jaime Escudero por lo que estaban haciendo. Posteriormente, este dibujo sería la inspiración del Condorito de Pepo, quien estuvo presente en el estreno de la película y mencionó a Copuchita en algún momento antes de la primera aparición de Condorito en la revista Okay en 1949.

Él siempre tuvo esa curiosidad y esas ganas de seguir aprendiendo. Y es aquí donde hago la reflexión… es súper inspirador cómo, siendo un niño que creció en un ambiente tan duro, donde todo era estricto y no lo dejaban soñar, en vez de irse por un camino complicado, como las drogas, el alcohol o cualquier otra cosa, decidió seguir adelante con lo que le gustaba, sin rendirse.

Ya graduado de arquitectura, y consolidado también como deportista, se integró al equipo de waterpolo de la Unión Española, que ganó el campeonato de Chile en 1946 y 1947. Como integrante de la selección chilena de waterpolo, fue llamado a unirse al equipo olímpico que acudió a las Olimpíadas de Londres en 1948.

Una vez de regreso en Chile, comenzó a desarrollar su ingenio como arquitecto y su talento como planificador urbano. Trabajó desarrollando loteos en el Gran Santiago, como en Los Dominicos, Viña del Mar, Rancagua, Talca y Concepción. Junto a Luis proyectaron Roca de Santo Domingo y desarrolló el programa de la CORVI, donde se entregaba apoyo de arquitectura a muy buena tasa a quienes buscaban obtener su primera vivienda.

En 1957 contrajo matrimonio con Victoria Velasco, con quien tuvo tres hijos: Patricia (nacida en New Jersey, Estados Unidos), Juan Carlos y Rodrigo (nacidos en Santiago, Chile)

En 1958 recibió una beca para estudiar un máster en City Planning en Columbia University, New York, U.S.A. Fue reconocido como un gran profesional y recibió las felicitaciones del presidente Alessandri.

Carlos participó en numerosos congresos y reuniones de arquitectura y planificación urbana. Fue invitado a integrar el equipo de desarrollo de la vida para Latinoamérica de las Naciones Unidas, y también formó parte de proyectos de desarrollo urbano en algunos estados del suroeste estadounidense. Además, fue nombrado miembro consultor del Housing Development Department de las Naciones Unidas.En 1970 se trasladó junto a su familia a España, donde, junto al tío Luis, escribió el libro Planificación Integral y Planificación Física, publicado en España y Alemania. Es un texto de tan alto contenido técnico que, hasta el día de hoy, se mantiene vigente.

Eventualmente regresaron a Chile, y fue entonces cuando le ofrecieron un puesto en la Municipalidad de Talca. Carlos ya era ampliamente conocido en distintos ámbitos: había aparecido en la prensa por sus logros en la natación y por sus obras como arquitecto, y con frecuencia lo invitaban a entrevistas en la radio.

En pocos años, logró generar en Talca una inercia y una cercanía con la gente realmente impresionantes. Yo y mis hermanos estábamos en plena adolescencia, y recuerdo el magnetismo y la admiración que despertaba en las personas.

Desarrolló un proyecto para erradicar los campamentos en Talca, donde el Serviu y la municipalidad debieron unir esfuerzos, algo muy difícil de lograr. Fue un ejemplo concreto de cómo los organismos públicos pueden ser eficientes y eficaces, optimizando recursos.

Este gran esfuerzo fue reconocido por el Gobierno Regional, que decidió dar su nombre al proyecto, conocido hasta hoy como las poblaciones Carlos Trupp Wanner en Talca.

El 7 de junio de 1982, Carlos falleció de forma inesperada en Chile a causa de un ataque cardíaco.
Fue un duro golpe para todos los que estábamos junto a él.

( Descansa junto a su esposa, Victoria Velasco, en el parque del recuerdo en Santiago, Chile.)

Recuerdo que el periodista Julio Martínez le había hecho una entrevista algunos años antes y que, un día, cuando se enteró de su fallecimiento, dio el pésame en plena emisión del programa, al aire, hablando muy bien de él y recordándolo con mucho cariño.

Carlos, armando un plan en terrenos municipales, había logrado erradicar a muchas familias que vivían en extrema pobreza. Esa gente lo recuerda con enorme afecto. Un reflejo de su energía permanece en Talca: la población que lleva su nombre, el hospital, la escuela, la calle y la comisaría Carlos Trupp.


Después de su inesperado fallecimiento, se perdieron grandes oportunidades de desarrollo para esa zona y para el país. Tal como me recordó mi amigo Bertoni:
“En Talca no había pasado nada hasta que llegó Carlos Trupp, y desde que se fue no ha vuelto a pasar nada”.

Son obras suyas el primer terminal de buses del sur de Chile, el Mercado Oriente, la planificación de la nueva Vega, la reestructuración de la Alameda y la conexión a la línea 5.

También nos queda pensar que el desarrollo del Gran Santiago pudo haber seguido los lineamientos y proyectos que dejó por escrito, documentos que aún se encuentran en archivos de la época en los ministerios correspondientes. El tema del Transantiago es uno de ellos, al igual que la circunvalación Américo Vespucio. Ninguno de estos proyectos se desarrolló según lo propuesto en aquellos años.

El Transantiago fue, para muchos, una muestra más de un sistema mal diseñado y guiado por liderazgos que no solo carecían de conocimiento técnico suficiente, sino que además desoyeron a quienes sí lo tenían.

Carlos Trupp había propuesto un sistema de transporte a fines de los años 60 que consideraba el centro de Santiago como un núcleo estructurante. A través del centro solo existiría locomoción gratuita con impulsión eléctrica.

Los recorridos provenientes del sector oriente y sur llegarían hasta Plaza Italia y retornarían, mientras que los del sector poniente y norte lo harían hasta Estación Central, también regresando desde allí. De esta forma, el centro quedaba descongestionado y la contaminación disminuía considerablemente.

En aquellos mismos años, Carlos Trupp y Luis Muñoz Maluschka discutían incluso la necesidad de trasladar la capital unos 100 kilómetros al norte de Santiago. Proponían, además, presionar mediante nuevos planos reguladores en las comunas periféricas para que el cordón industrial creciera hacia el norte y los sectores agrícolas hacia el sur, todo articulado por una circunvalación estructural: Américo Vespucio.

Sin embargo, el crecimiento desordenado de nuestra capital, muchas veces impulsado por intereses creados, terminó haciendo lo contrario. Incluso se instalaron vertederos en zonas cercanas a áreas agrícolas.

Ambos insistían también en la necesidad de aumentar las reservas hidroeléctricas del país, entendiendo que Chile nunca fue una nación con petróleo ni gas, y que debía planificar su matriz energética con visión estratégica.

Carlos no fue un arquitecto más. La prensa lo buscaba constantemente porque siempre tenía una idea, una propuesta, una historia que contar. A los 60 años ya era conocido en Europa y en Chile, no solo por su trabajo en arquitectura y planificación urbana, sino también por su destacado pasado deportivo.

Para mí, la enseñanza que él deja es clara: lo que uno hace con su vida depende, en gran medida, de uno mismo. A algunos les toca desde pequeños un entorno que, a simple vista, puede parecer “difícil”; a otros, uno más “fácil”. Pero en ambos casos siempre estará en cada persona la decisión de no caer en malos hábitos y de transformar la experiencia , sea cual sea, en energía para seguir adelante.

Mi papá siempre llevó una vida sencilla y feliz. Gran parte de esta historia la conocí gracias a Tante Luisa, quien era la hija predilecta de la abuela Leopoldina. Fuimos muy cercanos. Ella nunca pudo casarse ni tener hijos, en parte porque su madre era muy estricta y absorbente.


Lo que acaban de leer corresponde al relato de mi tío Juan Carlos sobre su padre, Carlos Trupp.

Para finalizar esta entrada, quiero destacar y agregar algunos antecedentes importantes:

– Leopoldina compuso la música de 15 Mil Dibujos. Ella tocaba piano, y según contaba Escudero, creó las piezas especialmente para que fueran interpretadas por Los Quincheros.

– Rodolfo Trupp diseñó lo que hoy podríamos describir como una máquina multiplano artesanal, utilizada para filmar la película, sin tener conocimiento formal de la tecnología multiplano desarrollada en otros estudios.

– Mi abuelita Toya (Victoria) me contaba que a Walt Disney le pareció muy interesante y simpática la forma “artesanal” que tenían en Chile de realizar la película. Según su relato, quedó particularmente fascinado con la manera en que integraban la música con la animación, logrando que ambas se mimetizaran para expresar emoción.

Mi abuelita relataba esta parte con mucho orgullo, señalando que Disney habría pedido permiso para replicar esa forma de vincular música y animación, a lo que mi abuelo accedió.

También contaba que Disney le ofreció a Carlos la posibilidad de trabajar con él; sin embargo, aquello nunca se concretó debido al contexto de la Segunda Guerra Mundial.

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les dejo unas anecdotas graciosas extra que también transcribí 

ANECDOTAS EXTRA:

Relata Juan Carlos Trupp:

- Una vez iban camino a Argentina, en auto, Carlos (cuarenta y tantos años) junto a Pedro Videla, padrino de tu papá (Rodrigo Trupp), que era diputado. Las esposas de ambos ya estaban en Argentina, viajaron en avión a Buenos Aires, pero ellos querían manejar para aprovechar de realizar mantenimiento mecánico al Ford Falcon del tata Carlos.

Pasaron por la aduana, pero ya no había aduana; no vieron ningún letrero y no la encontraron. Hay que pensar que en esa época todo era menos sofisticado y los caminos eran más enredados, y de repente los detiene la policía militar y los llevaron presos. Tuvieron que pasar la noche detenidos, pero uno de los detenidos reconoció a Pedro, ya que era diputado, y le dice: “Gracias, diputado, qué bueno que me vino a buscar”. Y él le responde: “¡Nooo, si estamos en las mismas!”. Finalmente, después de un comunicado, los pudieron liberar.

- Otra anécdota graciosa: una vez que iban a Buenos Aires y Montevideo a competir, se compraron un ticket de lotería y al otro día vieron en el diario que lo habían ganado. Fueron a cobrar el premio (lo que serían hoy unos 10 dólares), pero había un participante del grupo que quiso guardarse su premio para cobrarlo luego de competir. Al regresar de Uruguay y cobrar, se dieron cuenta que se habían equivocado: un número estaba mal y nunca habían ganado nada. Los otros ya habían recibido el dinero.

- Uno de los países más complicados era Italia, donde entonces tenían fama de ladrones. Estaban de viaje por allá y a veces tenían que ingeniárselas para dormir en la van, que no tenía ventanas. Uno de los muchachos era arquero de waterpolo y muy alto, así que dormía con los pies por afuera de la ventana, y entre ronquidos y ronquidos, sin darse cuenta hasta el otro dia... le robaron los pantalones. ¡Jajajaja! Él estaba indignado: “¡No puede ser, mis pantalones!”, decía.



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